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Paseo sin un destino fijo pero geolocalizado. Me guío por la inspiración de tus matices que son señales para mi olfato. Aroma a todo y a nada, indescriptible; perfecto. Sí, soy un sabueso siguiendo tus pasos. Te encuentro en los olores que inundan la Gran Vía pero, no en todos, sólo los más florales. Ando y ando absorto; buscándote. Una luz llama mi atención a lo lejos. Cartel majestuoso que observa la plaza y mira de reojo la vía que se va perdiendo tras él. Veo tu mirada, tu luz con ese brillo cegador. Sólo se puede captar ése haz en tus ojos azabaches que llenan cada día mi vida de esperanza y optimismo.

Quiero huir del tumulto porque sólo quiero escuchar los recuerdos de tu voz en mi cabeza. Me pierdo y no quiero encontrarme. Curva tras curva, girando y girando de esquina a esquina. Danza que me evoca tu silueta, trazos que sólo son tuyos; perfectos. Sí, soy un pintor hallando a su musa. No se cómo pero aquí estoy divagando por el Retiro. De árbol en árbol, de estatua en estatua sintiendo la brisa que se cuela entre las hojas; en los resquicios de la maltrecha piedra. Es tu larga melena negra al viento. Cierro los ojos. Es música.

Cojo el metro porque no puedo más. Necesito oscuridad y risas. Sé que ahí encontraré tu alma y me dirijo a Huertas. Mil sonrisas de infinitas nacionalidades me observan, me miran raro. De todas las clases y de múltiples lenguas. Ninguna como la tuya; perfectamente imperfecta.

Por fin me doy cuenta que te he tenido todo el rato cerca, al lado. Como la sombra que me persigue. No estás y apareces en todos lados. Lo sé; Madrid eres tú.

A tí… Lota.

Firma Javier